Judas ¿era charro?
Salamanca, uno de los tres territorios históricos leoneses, siempre políticamente asociada al Reino o a la Región de León, se ha traicionado a sí misma. Hace ya tiempo que vendió a su padre y a su madre al mejor postor. Ese postor no era otro que la Junta de Castilla y León. Los intereses charros contraídos con Valladolid, obligaron a una parte del pueblo leonés (el salmantino) a renunciar a sus raíces más profundas y a invertarse otras nuevas. Salamanca es el más claro ejemplo de la descohexión territorial llevada a cabo en la Región de León por los políticos de Pucela. Su interés, desmembrar y dividir al pueblo leonés para sofocarlo, para tenerlo callado y para minarlo hasta su desaparición. Y Salamanca, el bello sur del País Leonés, ha contribuido de manera sobresaliente a la desaparición de su propia esencia. Su alianza con el pancastellanismo más recalcitrante, han sido determinantes para que Salamanca hoy no haya seguido la misma senda de empobrecimiento y despoblación que Zamora y León. ¿Merece la pena por una cuestión económica renunciar a nuestras propias raices? ¿Merece la pena venderse al precio que sea para ser considerado? Triste devenir el de las tierras charras, otrora leonesas y hoy vendidas y traidoras. Tres veces negó Pedro ¿cuántas negará Salamanca?